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Las supervivientes
"Superviviente" es el nombre elegido por quienes tras haber sido presa del comercio sexual, gozan hoy de libertad. Muchachas libres, pero marginadas en su propio
hogar.

Bimala, de 23 años, fue vendida a los 13. Ha regresado a Nepal y le gustaría encontrar marido. Es seropositiva.
Son jóvenes, algunas de hasta 12 años, víctimas del secuestro, venta o engaño por parte de traficantes despiadados que las venden a su vez a las dueñas de burdeles de las grandes ciudades de Asia y de otros lugares del mundo. Tras años de esclavitud, forzadas a aceptar hasta 25 clientes cada noche, la mayor parte de estas muchachas sólo consiguen ser libres cuando su cuerpo cae preso del sida u otras enfermedades, como la tuberculosis, y ya no sirven para 'trabajar'.
Algunas encuentran el camino de regreso a casa, pero su familia es la primera en rechazarlas. Su pueblo tampoco quiere otra "Bombay wali" o trabajadora de Bombay. La vergüenza y el estigma son sus compañeros y algunas, como Bimala, deciden volver al mal conocido: el burdel de la India. Para Bimala fue una forma de huir de los reproches de su madrastra: "¡Ahora voy a tener que mantenerte!". Pero Bimala acabó regresando definitivamente a casa, donde descubrió que es
seropositiva.
Kalpana, de 24 años, con su hijo en la tetería familiar. Al fondo hay un anuncio sobre los condones como protección contra el sida
Kalpana fue víctima del tráfico sexual a los 15 años y hoy padece de sida.
Al regresar de Bombay, a Kalpana la casaron con un hombre que no tardó en abandonarla tras dejarla embarazada. Tuvo que regresar a casa de su padre, alcohólico que le pega y le quita cualquier ayuda que recibe de organizaciones de apoyo. Padece del sida desde hace seis años. Las escuelas no admiten a su hijo. Hoy Kalpana preside la Cooperativa de Mujeres que lleva la Fábrica de especias Masala.
Antes de que sea demasiado tarde
Cuando conocimos a Deepa en diciembre del 2002, un nubarrón de tristeza le oscurecía la mirada. Al volver de Bombay a su pueblo, se casó y tuvo dos hijos, pero la vida con su marido alcohólico se hizo insoportable. Padecía del sida y apenas si podía caminar. Sus últimas palabras fueron: "Sólo quiero
morirme".

Deepa murió en enero del 2003, solo un mes después de la última
vez que la vimos.
Fotos cortesía de Chelo Álvarez y Canal Plus España
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